2015/07/30

#hemeroteca #historia | Madrid: Las piscinas perdidas

Imagen: El País / La Isla, Madrid
Las piscinas perdidas
Los aires de modernidad que trajo la República alumbraron los primeros espacios públicos para practicar deportes acuáticos en la capital. Hasta entonces eran exclusivos de la élite económica y de la aristocracia
Andrea Aguilar | El País, 2015-07-30
http://ccaa.elpais.com/ccaa/2015/07/30/madrid/1438289102_966150.html

Lo han cantado y proclamado, pero no es cierto. En Madrid sí hubo playa, y al menos media docena de piscinas históricas que han desaparecido. Una de ellas, Stella, sigue en pie, en la calle de Arturo Soria, pero cerrada. Del resto quedan fotos, planos y recuerdos. Como ocurre en El nadador del cuento John Cheever, un recorrido por las primeras piscinas de Madrid depara sorpresas.

¿Desde cuándo hay piscinas? En contra de lo que cabría pensar no fue el asfixiante verano, sino el ocio de las masas lo que las trajo. En el caso de Madrid se debate si la primera fue Niágara, una casa de baños que abrió en 1879 en la Cuesta de San Vicente y que, en 1931, tras varias remodelaciones, alojó el Club de Natación Canoe. Sea como fuere, de lo que no cabe duda es de que fue en esa década de los años treinta del siglo pasado, con el advenimiento de los aires de modernidad que trajo la República, cuando empezaron a planificarse y edificarse espacios públicos de recreo para practicar deportes acuáticos en la ciudad.

Modernidad, salud, higiene, aire libre y democracia cambiaban radicalmente el concepto de esparcimiento y chapoteo. “Hasta entonces los deportes acuáticos se entendían como privativos, propios de la élite y la aristocracia, de ahí los clubs náuticos construidos en el siglo XIX y principios del XX”, apunta el catedrático de Historia de la Arquitectura Carlos Sambricio. De hecho, el estilo racionalista del Club Náutico de San Sebastián inspiró gran parte de los proyectos de las primeras piscinas modernas de Madrid.

La reivindicación laboral de las cuarenta horas semanales de trabajo que empezaba a instaurarse en Europa cambió también la idea de tiempo libre, de ocio, para todos. Como el foxtrot o el automóvil, las piscinas empezaron a popularizarse en Europa y EE UU en el periodo decó de entreguerras. Madrid no fue una excepción, y la ribera del Manzanares, a la que muchos acudían para refrescarse, dejó paso a la planificación arquitectónica: “Frente al precario de las pozas surge el boom de las piscinas como reivindicación social”, señala Sambricio.

En 1931 Luis Gutiérrez Soto construyó una de las joyas racionalistas perdidas en Madrid: sobre uno de los islotes del río Manzanares diseñó una piscina pública con tres piletas. La Isla tenía forma de barco y constaba de una zona de baño en la proa y otra en la popa; además, dentro del puente de mando central se encontraba la piscina cubierta. Había cafetería y zona de vestuarios. El agua procedía del río y era filtrada y clorada. El éxito entre los madrileños fue inmediato.

Apenas cinco años después, en el verano del 36, estalló la Guerra Civil. El frente de Madrid pronto alcanzó las inmediaciones de esa zona y un obús de los nacionales impactó en la edificación de La Isla. Las dependencias de la piscina fueron reconstruidas tras la guerra, pero el desbordamiento del río en 1947 volvió a dañarla y, finalmente, en 1954 fue clausurada definitivamente. Se abrió una presa y desaparecieron los islotes del río.

La Playa de Madrid fue otro de los grandes proyectos de la República, que también desapareció tras la guerra cuando se voló la presa que permitió crear esa ribera mesetaria. El lido chulapo fue la primera playa artificial de España, ubicada en el Manzanares a su paso por el Pardo. Contaba con espacios para practicar remo, natación y otros deportes acuáticos.

“El reto era que la clase obrera tuviera esparcimiento, y aquello generó una reflexión urbanística a gran escala. Se trataba de una conquista social más que de racionalizar la hidrología”, explica Sambricio. La Playa formaba parte de todo aquel movimiento. El GATEPAC (Grupo de Artistas y Técnicos Españoles para el Progreso de la Arquitectura Contemporánea) de Madrid trató de organizar un conjunto de piscinas, baños y zonas de deportes en los márgenes del Jarama, semejante a la Ciutat del Repos de Casteldefells, que se ideó en las inmediaciones de Barcelona.

Del proyecto original de La Playa, diseñado por Manuel Muñoz Monasterio entre 1932 y 1934, quedó el nombre de “la carretera de la playa”, como es conocida hoy la avenida del Cardenal Herrera Oria. Con el franquismo, aquel recinto con pequeños pabellones y embarcaderos de estilo sobrio y práctico fue reconvertido en el Parque Sindical, inaugurado en 1958, con sus inmensas piscinas.

No muy lejos de allí, la piscina de Lago también se construyó en los treinta, junto al Puente de los Franceses. Este diseño de Luis Casa desapareció también, pero más adelante, en los setenta. Hoy ese terreno lo ocupa la Clínica de la Moncloa.

Apartadas del Manzanares se encontraban las piscinas Formentor, Mallorca y Stella, todas ellas en las proximidades de Ciudad Lineal. Formentor, en la calle de Mesena número 20, casi esquina a López de Hoyos, llegó a contar con un trampolín de cuatro alturas y se anunciaba presumiendo de tener 3.000 metros cúbicos de agua depurada.

La única de estas tres piscinas que permanece en pie —aunque clausurada— es Stella. Los planes para este proyecto datan de los tiempos de la República, pero se edificó entre 1945 y 1947 y el responsable fue Fermín Moscoso del Pardo Torre. En 1952 el mismo arquitecto que firmó La Isla, Luis Gutiérrez Soto, hizo unas modificaciones al original y en las líneas de ese edificio racionalista blanco, que hoy se ve desde la M30, se nota su mano.

El dueño de Stella, Manuel Pérez Vizcaíno Pérez Stella, quiso poner en marcha una piscina pública de pago, no un club. Quizá por su aire de modernidad sofisticada, cuentan que se convirtió en uno de los primeros lugares donde se hacía topless en Madrid. Fue un bingo una temporada y hoy, aunque cerrado, el edificio está protegido. Una historia digna de Neddy Merrill, el personaje de Cheever en El Nadador, con el mismo aire de ruina y decadencia.

Proyectos estancados
La fiebre por el agua para las masas generó multitud de proyectos para la construcción de piscinas en los años de la República. Gran parte de ellos no llegaron nunca a realizarse, como el Stadium Municipal planeado por el arquitecto Ulargui en los solares de la antigua plaza de toros, en la plaza de Felipe II.

También el Ayuntamiento acordó en 1932 tramitar el proyecto de instalar parques infantiles con piscina en diferentes plazas de Madrid. El clamor piscinero llegó también a los periódicos, y así Fernández Shaw reclamaba desde las páginas de Informaciones en 1935 que se abrieran más piscinas en los jardines de Madrid. Parques, plazas jardines, el pueblo necesitaba refrescarse. El arquitecto Muñoz Monasterio, que diseñó la mítica Playa, firmó un proyecto para la transformación del estanque del Retiro en baños populares en 1932.

Pero quizá el plan más ambicioso de todos fue Playas en el Jarama. Baños Populares, del GATEPAC, que preveía el desarrollo de más de media docena de espacios de recreo acuáticos en las inmediaciones de Madrid. 

Tras la guerra llegaron nuevas piscinas en la Ciudad Universitaria o el Club de Campo, y ya en los setenta con el desarrollismo llegaron las piscinas privadas. Hoy en Madrid se ha multiplicado el número de piscinas municipales.

2015/07/24

#hemeroteca #arquitectura | Madrid prohíbe a un dueño chino demoler un rascacielos icónico

Madrid prohíbe a un dueño chino demoler un rascacielos icónico
Wanda propone reconstruir el edificio España sin mantener intacta la fachada protegida
Bruno García Gallo | El País, 2015-07-24
http://ccaa.elpais.com/ccaa/2015/07/23/madrid/1437676624_261773.html

El grupo chino Wanda compró en 2014 el edificio España, un rascacielos madrileño icónico de los años cincuenta. Hace unos días ha presentado al Ayuntamiento un proyecto para rehabilitarlo, pero ve “inviable” cumplir la orden de la Comisión Local de Patrimonio Histórico de mantener intactos la fachada y los alzados laterales. Por ello, ha pedido permiso para desmontar todo el edificio y luego reconstruirlo. La concejalía de Urbanismo instará a Wanda a mantener el cuerpo edificado necesario para sostener la fachada, que en ningún caso podrá demolerse, según indicaron a El País fuentes municipales.

El edificio España, de 117 metros de altura y 28 plantas de altura, se construyó de 1948 a 1953 a las órdenes de Julián y José María Otamendi. El Banco Santander lo compró en 2005 por 389 millones para convertirlo en hotel, centro comercial y pisos de lujo. En julio de 2014, lo vendió por 265 millones a Wanda —dirigida por Wang Jianlin, 29ª fortuna mundial con 31.200 millones de euros—.

De cara a su proyecto de rehabilitación, tras más de una década de abandono —que ha repercutido muy negativamente en la plaza homónima que preside, en el centro de Madrid—, solicitó al Ayuntamiento la rebaja de su grado de protección. La Comisión Local de Patrimonio Histórico —integrada por el Gobierno regional y el Ayuntamiento, entonces en manos del PP— dio su visto bueno a esa rebaja del blindaje del edificio en función de su valor histórico-artístico, del nivel 2 estructural al nivel 3 parcial.

Permitía así la demolición parcial del inmueble, según la comisión para favorecer “la puesta en valor de un edificio muy degradado en los últimos años debido a su inactividad”. Pero el dictamen obligaba a preservar “las partes que revisten importancia y que lo caracterizan desde el punto de vista arquitectónico y escultórico”, señalando en concreto las fachadas y los alzados laterales.

Así lo aprobó el Ayuntamiento en diciembre de 2014. Pero hace unos 10 días, Wanda remitió a la Concejalía de Urbanismo una consulta especial urbanística: quería echar abajo el edificio, fachada incluida, para rehacerlo entero.

Según Wanda, “de acuerdo con los expertos de reconocido prestigio consultados, la consolidación de la fachada es inviable en condiciones de seguridad. No existen experiencias similares de mantenimiento de una estructura de esta altura y dimensiones, que además carece de capacidad portante”. “Por el contrario”, añadía, “sí es posible su desmontaje y posterior reconstrucción, preservando su imagen y valor paisajístico, algo de lo que sí existen precedentes y experiencias previas en la cultura arquitectónica”. Además, según Wanda, el edificio se hizo en una época “en la que no había materiales de calidad, y su vida útil está acercándose al final, pese a las actuaciones de preservación a lo largo de los años. Requiere de soluciones que aseguren su durabilidad a largo plazo”.

“Es un edificio moderno que se construye en efecto en un momento difícil en el que hay muy poco acero. Y la fachada no es un elemento resistente, en eso puede tener razón Wanda”, admitió a El País el decano del Colegio de Arquitectos de Madrid, José María Ezquiaga. “Pero el debate principal es si debe suprimirse el edificio. No es un inmueble histórico ni arquitectónicamente excepcional”, añadía, “pero los ciudadanos pueden sentir un vínculo afectivo por ser un icono de Madrid”. Por ello, el decano propuso convocar una consulta para que los ciudadanos se pronuncien. El Ayuntamiento recibió favorablemente la propuesta, pero ayer precisó que “descarta por ahora convocarla”.

El principal motivo aducido es que no es el momento adecuado para una consulta así, “ahora hay que cumplir la prescripción de la Comisión Local de Patrimonio Histórico y el marco jurídico”, señalan fuentes de Urbanismo a EL PAÍS. La respuesta municipal a Wanda, que están ultimando los técnicos, irá en ese sentido: es “muy posible” que la solución técnica de tirar el edificio entero y sostener la fachada como un lienzo en el aire sea en efecto inviable, pero sí se puede conservar una masa crítica suficiente, un cuerpo de la estructura del edificio que la mantenga durante las obras. El Ayuntamiento instará así a conservar la fachada, manteniendo si es necesario el cuerpo edificado necesario para sostenerla en vez de tirarlo todo.

Ricardo Aroca, exdecano del Colegio de Arquitectos y catedrático de Cálculo de Estructura, ve posible demoler el edificio manteniendo la fachada. “No es inviable ni inseguro, pero sí más caro”, explica Aroca, uno de los mayores expertos en el área. “No se trata sólo de resistir el esfuerzo de viento, hay que conservar el peso del edificio, al menos de una parte importante, para sostener la fachada. Pero se puede compaginar la demolición y la reconstrucción, ir deshaciendo mientras se rehace. Eso sí, llevaría mucho más tiempo y sería más costoso. Pero si hemos ido a la Luna, no hay casi nada que sea técnicamente imposible. Lo que pasa es que ir a la Luna es carísimo”, concluye.

Wanda ve imposible conservar la fachada
  • protección. Wanda compró el edificio España en julio de 2014 al Banco Santander por 265 millones. Para su rehabilitación, el Ayuntamiento permitió en diciembre la demolición parcial, pero manteniendo la fachada y alzados laterales.
  • Obra “inviable”. Wanda pidió hace 10 días permiso para desmontar el edificio entero y volverlo a reconstruir porque ve “inviable” echarlo abajo sin tocar la fachada. El Colegio de Arquitectos propuso una consulta ciudadana al respecto. El Ayuntamiento ha acogido favorablemente la idea pero la descarta “por ahora”.
  • Negativa municipal. El Ayuntamiento negará a Wanda permiso para demoler la fachada, apostando por mantener durante la obra estructura suficiente para sostenerla en vez de tirar todo el edificio.

2015/06/17

#hemeroteca #paisaje | Aplicación web para solicitar la autorización necesaria para visitar la Playa de las Catedrales


Imagen: Ambientum
Aplicación web para solicitar la autorización necesaria para visitar la Playa de las Catedrales
Ambientum, 2015-06-17

http://www.ambientum.com/boletino/noticias/Aplicacion-web-actividada-para-solicitar-la-autorizacion-necesaria-para-visitar-la-Playa-de-las-Catedrales.asp

La autorización es gratuita y puede conseguirse con facilidad a través de la dirección web http://ascatedrais.xunta.es desde 15 días antes y hasta la propia jornada de la visita al Monumento Natural

La plataforma proporciona además información de interés sobre las horas más propicias para la visita, las mareas, y la cantidad de personas que ya reservaron autorización para acudir al lugar en la misma fecha

Durante los meses de julio, agosto y septiembre y en la Semana Santa, el acceso máximo a la playa de las Catedrales estará establecido en 4.812 personas al día

La Xunta distribuirá un porcentaje de autorizaciones diarias entre el ayuntamiento de Ribadeo, de Barreiros, las asociaciones de hosteleros de la zona y el Clúster de Turismo

Esta medida se enmarca en el Plan de Conservación del Monumento Natural de la Playa de las Catedrales, que prevé una inversión de 1,5 millones de euros en la protección y puesta en valor de este espacio

Con su puesta en marcha, la Xunta cumple el compromiso asumido ante el Ayuntamiento de Ribadeo, que solicitó la intervención del Gobierno gallego para ordenar los usos del espacio protegido

La Consellería de Medio Ambiente, Territorio e Infraestructuras activó hoy la aplicación http://ascatedrais.xunta.es, en la que los visitantes que deseen acercarse a la Playa de las Catedrales podrán conseguir la autorización gratuita que será necesaria para acceder a este lugar a partir del día 1 de julio

De acuerdo con el Plan de Conservación de este Monumento Natural, en los meses de julio, agosto y septiembre, además de en la Semana Santa, el acceso a este espacio protegido estará regulado con un máximo de 4.812 personas cada jornada. El objetivo es hacer compatible la preservación de los valores ambientales que motivaron su declaración como Monumento Natural con el uso público del lugar.

Los interesados podrán conseguir desde 15 días antes en dicho dirección web el permiso necesario y gratuito y cada persona podrá reservar un máximo de 30 autorizaciones para un mismo día. Las agencias de viajes dispondrán de la posibilidad de reservar autorizaciones en mayor número, para poder así gestionar los grupos con visitas concertadas. Asimismo, la Xunta distribuirá un porcentaje de autorizaciones diarias entre los ayuntamientos de Ribadeo y Barreiros, las asociaciones de hosteleros de la zona y el Clúster de Turismo de Galicia, con el objetivo de facilitar su distribución entre los visitantes.

En esta página web también se proporcionará información sobre las horas más propicias para la visita, sobre las mareas, y sobre la cantidad de personas que ya reservaron autorización para acudir al lugar en la misma fecha.

De esta manera, se pretende favorecer un turismo ordenado y sostenible al Monumento Natural de la Playa de las Catedrales, un espacio amenazado en los últimos años por la concentración excesiva de visitantes en determinadas épocas del año.

Esta medida se pone en marcha con el doble objetivo de hacer frente al riesgo de degradación de los valores ambientales y paisajísticos del enclave, así como a la saturación de los servicios y de los accesos a la playa, y, al mismo tiempo, promover las potencialidades turísticas del espacio.

Con ese mismo objetivo de ordenar el uso público, a partir del 1 de julio tres guías estarán en la zona para ayudar a todos los visitantes a aprovechar mejor esta experiencia al tiempo que se les ayudará a conocer otros lugares

Paralelamente, la Xunta está desarrollando una campaña informativa sobre este Plan, dirigida tanto a los colectivos y asociaciones profesionales como a la sociedad en general.

Primer plan de conservación
Hace falta recordar que en el Plan de conservación del monumento natural de la playa de las Catedrales, un documento que prevé una inversión de más de 1,5 millones de euros, se recoge la necesidad de regular el acceso en las épocas de mayor confluencia de visitantes.

El plan nace de la preocupación por el peligro de degradación de este espacio protegido, situado en el ayuntamiento de Ribadeo y de grano atractivo turístico. Esta preocupación fue trasladada a la Xunta de Galicia tanto por la Administración local como por la Diputación de Lugo, que reclamaron la intervención de la Administración autonómica para “ordenar los usos” el espacio protegido. Compartiendo esa preocupación, el Gobierno gallego asumió el compromiso de poner en marcha un Plan que sería de aplicación este mismo verano, tal y como está haciendo.

El documento es un instrumento de planificación que, a partir de un diagnóstico científico sobre las principales amenazas que afronta el espacio protegido, establece un régimen de usos y aprovechamientos.

Esa evaluación de riesgos permitió constatar que la excesiva concentración de visitantes durante determinadas épocas del año representa un riesgo severo para la conservación de los hábitats prioritarios del monumento natural de la playa de las Catedrales, y las pruebas de carga realizadas cifran en 4.812 personas y día el límite recomendable para evitar daños.

El plan cuenta con el aval del Consejo Gallego de Medio Ambiente y el documento final tiene en cuenta las aportaciones del Ayuntamiento de Ribadeo y la asociación de comerciantes mayoritaria diera ayuntamiento, Acisa, para establecer un sistema activo y presencial de regularización de los accesos al arenal, dotado con personal de control e información, tal y como está previsto.

Medidas en marcha
Hace falta señalar que la Consellería de Medio Ambiente, Territorio e Infraestructuras, a través de la Dirección General de Conservación de la Naturaleza, ya tomó distintas medidas encaminadas a la protección del espacio natural de las playa de las Catedrales, tal y como se recoge en el Plan de conservación. Con el fin de preservar los valores de esta zona protegida, la Xunta contrató guías durante lo lo verán del 2014 y el período de la Semana Santa 2015. En este año, se contratará de nuevo este servicio, que será reforzado.

Con esto, se tratará de facilitar un disfrute acomodado a los visitantes, reforzando la información a través de los guías especializados en el propio enclave y en las alternativas turísticas del entorno, y se incrementará también la vigilancia para evitar actuaciones que degraden el medio.

Desde mediados de 2014 las diferentes acciones para mejorar el uso público, mejora de la información a los visitantes y el refuerzo de la señalización llevan supuesto una inversión de 158.000 euros.

2015/05/25

#hemeroteca #arquitectura | Toyo Ito: «El capitalismo ha llegado a un callejón sin salida»

Imagen: ABC
Toyo Ito: «El capitalismo ha llegado a un callejón sin salida»
El japonés, ganador del Pritzker en 2013, aboga por un regreso a los orígenes para crear comunidades rurales con más calidad de vida
Pablo M. Díez | ABC, 2015-05-25
http://www.abc.es/cultura/arte/20150525/abci-toyo-arquitecto-201505241917.html

El arquitecto japonés Toyo Ito (Seúl, 1941), que ganó el prestigioso premio Pritzker hace dos años, empezó su carrera en 1971 con un estudio llamado Urban Robot y ahora planea retirarse al campo, rodeado de naturaleza y alejado de la gran ciudad. Tan radical cambio resume a la perfección su evolución durante estas cuatro décadas, en las que ha alcanzado el éxito internacional pero también parece haberse desengañado con la homogeneización que ha traído la globalización.

Nacido el 1 de junio de 1941 en Seúl, cuando la Península de Corea era una colonia ocupada por el Ejército imperial nipón, Toyo Ito no aparenta sus casi 74 años por su rostro limpio de arrugas y su carácter jovial y desenfadado. Un espíritu que parecen contagiarle los 40 empleados, la mayoría jóvenes talentos, que pululan por las varias plantas que ocupa su estudio en un edificio funcional de Tokio cerca del famoso paso de peatones de Shibuya, probablemente el más transitado del mundo. Ataviado con una impoluta camisa blanca, que lleva por fuera, nos recibe en una sala donde los premios internacionales se apilan anárquicamente en sus repisas como si fueran los juguetes de un niño que se ha ido a merendar.

—¿Cómo ve la arquitectura contemporánea tras el impacto de la crisis?
—Después de 45 años construyendo edificios públicos y privados, para mí la arquitectura ya no se rige por las distintas crisis económicas que he sufrido, sino por otras influencias, como por ejemplo el tsunami de Japón en 2011 o el modelo de sociedad en que vivimos. Desde que empecé mi carrera, siempre imaginé una respuesta arquitectónica a la ciudad de Tokio, pero se ha vuelto tan grande que un arquitecto no puede involucrarse en ella ni siquiera cuando propone algún proyecto. El problema es que la globalización es tan grande que un arquitecto como yo no puede interactuar con la ciudad, que se ha vuelto algo aburrida.

—Pero ahora en Tokio hay muchas nuevas construcciones por los Juegos Olímpicos de 2020…

—Se están levantando muchos edificios y hay obras por doquier, pero no estamos implicados en esos proyectos porque son todos muy homogéneos. Hay una competición sobre los estadios y todos los arquitectos intentan aportar algo, pero no hay nada para nosotros porque las grandes compañías japonesas están copando los proyectos. Aunque Tokio está creciendo mucho, no hay espacio para proponer un nuevo estilo de vida. Las olimpiadas son una buena oportunidad arquitectónica, pero mucha gente piensa que son solo un medio para impulsar la economía.

—¿La globalización ha hecho que la arquitectura sea más diferente o más homogénea?
—La gente y las ciudades se están globalizando y volviéndose más homogéneas. No es un problema exclusivo de Tokio, sino de muchas otras ciudades, que ya no hay manera de reconocerlas. Por eso me estoy distanciando de las ciudades y centrando en pequeñas áreas rurales donde puedo desarrollar un nuevo tipo de arquitectura y un nuevo estilo de vida. Eso es lo que estamos haciendo en la isla de Omishima, al sur de Japón, en la prefectura de Ehime, donde no intentamos construir edificios, sino una comunidad. Tras abrir allí el museo Toyo Ito de Arquitectura en 2011, queremos revivir la comunidad y renovar las casas rurales con un proyecto que durará diez años y que propondrá una vuelta a la naturaleza y al modo de vida tradicional, basado en la agricultura y los viñedos de la zona. Nuestro objetivo es crear un lugar hospitalario donde la gente quiera vivir.

—¿A qué se debe ese gran cambio respecto a sus proyectos eminentemente urbanos, que tanta fama le han dado?
—La arquitectura es una herramienta del crecimiento económico, pero yo intento apartarme de ese concepto e involucrarme en proyectos donde pueda estar a gusto. De todas maneras, incluso así hay problemas. La globalización y el capitalismo están llegando a un callejón sin salida, como muchos economistas dicen, y hay que ir hacia un nuevo modelo económico en el siglo XXI. Los arquitectos también debemos adaptarnos a la nueva situación económica. En Japón, el primer ministro Shinzo Abe está intentando revitalizar la economía para que crezca al mismo ritmo que antes. Pero en la economía capitalista siempre hay uno que gana y otro que pierde, y en Japón ha desaparecido el concepto del «trabajo para toda la vida». Ahora hay más precarización y no se puede volver al sistema del pasado.

—Lo mismo parece estar ocurriendo en Europa. Después de haber trabajado en todo el mundo, ¿qué diferencias ve entre Oriente y Occidente?
—En este siglo XXI, las grandes ciudades atraen mucha población, lo que ha provocado la centralización de los países. Pero, aparte de mejorar la situación económica, no hemos encontrado el siguiente paso para ir a un próximo nivel, lo que está afectando a la energía de las ciudades. En Europa hay ciudades pequeñas, con una larga tradición histórica, que pueden tener su propio estilo de vida. El concepto de ciudad en Europa y Asia es diferente. Ahora, la gente en Tokio se da cuenta de que debe ir a una nueva etapa, como comunidades más pequeñas conectadas directamente con la naturaleza. Después de tanto desarrollo en las ciudades, la arquitectura debe volver a la naturaleza, a las raíces, en el siglo XXI.

—¿Qué recuerdo guarda de España, donde firmó varios proyectos, pero también sufrió el derrumbe del ladrillo y la implosión de la inversión pública, que dejó en ruinas su Parque para la Relajación en las salinas de Torrevieja?
—Lo mismo que ocurrió en Japón en los años 90, con el estallido de la burbuja inmobiliaria, ha pasado luego en España y otros países desarrollados. Seguimos teniendo una pequeña oficina en Barcelona, pero los proyectos se paralizaron por la crisis. De todas maneras, aún queda personal allí porque tenemos otros proyectos en México. Y seguimos con el plan pendiente para un auditorio, que se empezó a construir y hasta se pusieron los cimientos. Aunque ahora está detenido, el proyecto tiene mucho potencial. A pesar de todos estos problemas, me gusta mucho España porque los arquitectos son respetados y valorados por la comunidad.

—¿Cómo se está llevando a cabo la reconstrucción tras el tsunami que barrió la costa nororiental de Japón en marzo de 2011?
—El Gobierno quiere recuperar la costa devastada, pero basándose en proyectos modernos y aplicando el mismo concepto que en las grandes ciudades, recurriendo a soluciones técnicas y volviéndolo todo más homogéneo. En esas áreas rurales, donde todavía hay muchos damnificados viviendo en refugios temporales, se quieren implantar modelos urbanos. Teníamos un proyecto en la ciudad de Kamaishi, pero no lo acepté porque el Gobierno central estaba presionando a las autoridades locales para seguir un mismo modelo urbano.

—¿Qué le parece la «Gran Muralla» contra tsunamis que se está levantando en 400 kilómetros de la costa?
—Es increíble que se esté construyendo ese muro, sobre todo porque la gente vive allí de la pesca y ya no puede ver el mar. El Gobierno utiliza el argumento de la seguridad, pero no funciona. Podemos ver motivaciones políticas tras la construcción de ese muro, que en realidad persigue aumentar las obras públicas para mejorar la economía.

2015/05/24

#libros #arquitectura | Doce enclaves del prerrománico

Doce enclaves del prerrománico / textos, Susana Rodríguez ; fotografías, Alejandro Braña
[Gijón] : Ediciones Nuevedoce, 2015
29 p. : principalmente il. bl. y n.
Arte prerrománico -- Asturias
Fotografía de arquitectura
TEXTO COMPLETO | Ediciones Nuevedoce | Suscripción previa
http://asturiaspordescubrir.com/  

Arquitectura Asturiana de los siglos IX y X


El contexto histórico en el que se sitúa esta Arquitectura Asturiana, como la definió Jovellanos por su singularidad, sencillez y originalidad formal respecto a la tradición visigoda inmediatamente anterior y a la románica, venida de Francia, inmediatamente posterior, es la Alta Edad Media, concretamente entre finales del siglo VIII y principios del X.

Está considerado el conjunto arquitectónico de esta época más importante de toda Europa y está formado por catorce construcciones de las que seis: el palacio de Santa Maria del Naranco, las Iglesias de San Miguel de Lillo, Santa Cristina de Lena y San Julián de los Prados, la fuente de la Foncalada y la Cámara Santa, desde finales de los años ochenta, están reconocidas por la Unesco como Patrimonio de la Humanidad.

Su evolución y desarrollo está estrechamente ligado al de la Monarquía asturiana de este periodo y será consecuencia y testimonio directo de ese tiempo en el que, monarquía a monarquía, desde mediados de ese siglo VIII se fue consolidando el Reino de Asturias, política, territorial y socialmente hasta su cambio de rumbo, entrado ya el siglo X, con el traslado de la corte a León y con el fin de esta etapa de la Monarquía asturiana.

Tres reinados serán los que más claramente impulsarán esta arquitectura con soluciones constructivas y características estéticas y formales diferentes entre sí: el de Alfonso II entre el 791 y el 842, el de Ramiro I entre el 842 y el 850 y el de Alfonso III entre el 866 y el 912. El carácter de las construcciones que se conservan de los tres periodos, así como el de las que se tiene constancia escrita, será básicamente religioso a raíz de la fuerte cristianización que se va implantando y de carácter civil para uso de la corte.

La antesala de esta etapa de la Monarquía asturiana se centra en los primeros años del siglo VIII, cuando la sociedad astur se organizaba en agrupaciones campesinas gobernadas por jefes locales en un territorio disperso y de difícil geografía, romanizado en cuanto a vías de comunicación pero sin núcleos urbanos de población importantes y con un espíritu religioso aún de prácticas paganas y romanas en muchos casos. En ese momento en la Península Ibérica se vivía una realidad política y social fundamentalmente condicionada por la hegemonía del Reino visigodo de Toledo, ya desde el siglo V, y por el inicio en el 711 de las primeras expediciones a las tierras del norte de al-Andalus con intenciones de conquista. […]

2015/05/21

#hemeroteca #patrimonio | La romántica ciudad de las columnas rosadas al alba

Imagen: El País
La romántica ciudad de las columnas rosadas al alba
Parece mentira que Palmira, que se mecía en una paz que parecía ya eterna, sea atacada
Jacinto Antón | El País, 2015-05-21
http://internacional.elpais.com/internacional/2015/05/21/actualidad/1432214149_447011.html

“El anochecer comenzó y ya casi no pude distinguir más que los pálidos fantasmas de los muros y columnas. Lo solitario de la situación, la serenidad del crepúsculo y la grandeza de la escena inundaron mi mente de pensamientos espirituales. La visión de una ilustre ciudad desierta, el recuerdo de tiempos pasados, la comparación con el presente, todo se combinaba para elevar mi corazón con sublimes meditaciones”. Este es el efecto que le causó Palmira, la antigua Tadmor, la novia del desierto, envuelta en el velo de su misterio, a uno de sus más ilustres visitantes y el que nos ha dejado un testimonio de mayor grandeza emotiva, Constantin François de Chasseboeuf de La Giraudais, más conocido por su seudónimo de Volney y hecho conde por Napoleón. Su libro “Las ruinas de Palmira o meditaciones sobre las revoluciones de los imperios” ofrece una reflexión sobre la decadencia de los poderes del mundo que cobra hoy una nueva, terrible actualidad, tras la irrupción del Estado Islámico en la vieja y sufrida ciudad caravanera nacida en un oasis alrededor de la fuente Efqa y demediada entre dos poderosos imperios, entre Roma y Partia, entre Occidente y Oriente.

Parece mentira que la otrora opulenta metrópoli —engordada en una gran ruta comercial entre el Golfo Pérsico y el Mediterráneo—, que desde hacía siglos, tras sufrir guerras, asedios y mil dramáticas vicisitudes, se mecía en una bien ganada paz que parecía ya eterna, vuelva a ser atacada como en su día lo fue por las legiones de Aureliano que aplastaron el sueño de Zenobia, esa reina que se decía descendiente de Cleopatra y desafió al imperio de Roma. Cuentan en Palmira que la soberana se bañaba en la fuente sulfurosa para mantenerse joven como una Erzsbét Báthory de las arenas.

Apenas hace seis años nos sentábamos Teresa, Xavier, Justo y yo como personajes sobrevenidos de Larry Durrell en un escalón del Tetrapylon al final de la impresionante avenida de columnas, respirando el excitante aire de la mañana y mudos de asombro ante el espectacular despliegue de belleza del área central de la ciudad, su lugar emblemático y más monumental. La tranquilidad, el silencio, la atmósfera de siglos acumulados entre la arena invitaba incluso entre gente mucho menos dada a la meditación que el viejo Volney a tener pensamientos grandes y nobles.

Nos alojábamos en el pequeño hotel Zenobia Cham, un establecimiento privilegiado en medio de las ruinas con capacidad para solo 20 viajeros que regentaba en los años treinta la célebre aventurera de origen vasco Marga d’Andurain, de la que se decía que había sido espía de Lawrence de Arabia y cabalgaba desnuda entre las piedras (a ella le dedicó un libro la escritora Cristina Morató, con la que viajábamos). ¿Qué será estos días de ese maravilloso hotelito en el que se alojaron en su día Agatha Christie —ahí se dice que acabó “Asesinato en Mesopotamia”—, Jean Giradoux, Alfonso XIII o la dolida viajera Annemarie Schwarzenbach? ¿Y qué habrá sido de los simpáticos habitantes del pueblo junto al yacimiento que nos invitaban a limonada y reían a carcajadas cuando nos probábamos los supuestos cascos romanos que vendían en las baqueteadas tiendas de souvenirs? El servicio de antigüedades sirio nos montó entonces una increíble velada dentro del recinto del templo de Baal Schamin, un conjunto tan impresionante como Karnak, y allí nos obsequiaron con té, dulces y cantos beduinos, de esos beduinos que hacían acrobacias en sus camellos ante nuestro autocar y que se denominaban orgullosamente Beni Zäinab, “los hijos de Zenobia”.

Uno de los momentos más maravillosos de mi vida fue el amanecer en aquellos inolvidables días de junio mirando por la ventana de mi habitación en la planta baja, la única del hotel, y contemplando embelesado como con la luz, en el aire diáfano del desierto, las columnas alineadas que parecían extenderse hasta el infinito adquirían su célebre tonalidad rosada. Parecía realmente, como han descrito tantos visitantes, la piel de una mujer, acaso la de la reina Zenobia, cuya belleza fue alabada en la antigüedad junto a su inteligencia (era una hábil política, muy culta y hablaba arameo, griego y egipcio) y su coraje: gran jinete marchaba al frente del ejército palmiriano, rico en arqueros y camelleros, y cuando Aureliano se enteró de que el Senado se mostraba irónico porque él organizara un triunfo para celebrar su victoria sobre la reina respondió: “Ah, si solo supieran con qué clase de mujer he estado luchando”.

La visión de las ruinas de Palmira, la de las diez mil columnas, la del delirio de las caravanas, es una de las mayores experiencias estéticas que se pueda disfrutar. Cuesta escribir “que se podía disfrutar”. Recorrer los 1.200 metros de la avenida principal flanqueda de sus hermosísimas columnas (en realidad antiguos pórticos), la Gran Columnata, como la bautizaron los arqueólogos, provoca un inevitable síndrome de Stendhal. La avenida, que corre de este a oeste y se acabó en tiempo de los Severos, era la principal arteria de la ciudad en época romana. Arranca de Arco Monumental y a sus lados se acumulan majestuosas ruinas de edificios: el santuario de Nebo, los baños de Diocleciano, el teatro, el Nymphaeum, la casa del Peristilo. Pasado el Tetrapylon entramos en la calle transversal, que nos conduce al Agora y a lo lejos al viejo campamento romano, avanzada contra los recalcitrantes persas. Palmira tuvo su época de oro en el siglo II, en época de Adriano, que la declaró “ciudad libre” —era tributaria de Roma desde Tiberio— y le permitió controlar ella misma sus finanzas.

Bajo el cielo eternamente azul, de un azul profundo, luminoso, las ruinas producen un efecto indescriptible de serenidad. Más allá de su belleza, el lugar es por supuesto un verdadero parque arqueológico de más de diez kilómetros cuadrados con numerosísimos puntos de interés. Al este Palmira está dominada por un promontorio rocoso sobre el que se encuentra el impresionante castillo árabe de Fakhr ed-Din, con la parte más antigua datada en el siglo XII. También fuera de la ciudad y sus muros están las necrópolis. En una de las colinas arenosas que rodean la ciudad pueden visitarse las impresionantes tumbas en torre que brotan de la tierra como colmillos oscuros, y junto a las que te podías retratar con un dromedario blanco. En el otro extremo, cerca del palmeral, descendimos a varias tumbas subterráneas en forma de T, con sarcófagos, relieves y policromías, como la de la familia Artaban —del siglo II, con 56 nichos—, o la llamada de los Tres Hermanos; algunas en curso de excavación por una misión japonesa. Se calcula que solo se ha excavado el 60% de Palmira.

El pequeño museo en la zona arqueológica estaba lleno de objetos sensacionales: esculturas —tan realistas—, relieves de camellos ricamente enjaezados, pinturas. Recuerdo un león del templo de la diosa Al Lat (excavado por los polacos del 74 al 81), una estatua del viejo Yarhibol (“el ídolo de la fuente”), sarcófagos atravesados por la extraña escritura palmiriana, tiaras con coronas de laurel (el tocado típico de la ciudad), un mosaico con el rey Odonato matando leopardos, altares en los que se quemaba el incienso a espuertas. Pero lo que conservo sobre todo en la memoria es la visión de una momia —cubierta por un manto bordado de seda de China— que se exponía y que me pareció allí en medio de aquel lugar portentoso un símbolo de la inmutable perennidad de la vieja Palmira. Estaba equivocado.

2015/05/05

#hemeroteca #arquitectura | Segunda oportunidad

Imagen: El País
Segunda oportunidad
¿Cómo sería Madrid si hubieran ganado los concursos de edificios públicos los segundos premios a lo largo del siglo XX?
Use Lahoz | El País, 2015-05-05
http://elpais.com/elpais/2015/05/04/eps/1430753484_449252.html

Cuando en una entrevista le preguntaron al arquitecto Rem Koolhaas qué cosas podrían llegar a enfurecerle de su profesión, respondió que lo más frustrante era el esfuerzo desperdiciado. “La enorme cantidad de talento que se pierde en los concursos, auténticos vertederos de inteligencia”. Y dudaba de que otra profesión tolerase algo tan insano.

Al hilo de esta constatación, y teniendo en cuenta que en la vida no solo cuentan los números uno, dos jóvenes proyectistas han inaugurado en el Colegio de Arquitectos de Madrid la exposición "Segundo premio" (se puede visitar hasta finales de junio), un homenaje a esos proyectos de los que nadie habla porque, al no ganar, cayeron en el olvido.

Una pregunta, ¿cómo sería Madrid si hubieran ganado los concursos de edificios públicos los segundos premios a lo largo del siglo XX?, ha servido a Paula García-Masedo y Gonzalo Pardo para crear una muestra en la que la derrota le echa un pulso al presente. “Hemos aprendido que los concursos han influido de forma determinante en la transformación de Madrid. Y, sobre todo, dos cosas muy significativas: que en todo este desarrollo arquitectónico la presencia de mujeres ha sido muy escasa (hasta los ochenta, Carmen Espegel y poco más), algo que en las últimas décadas ha cambiado. En segundo lugar, que hasta hace 10 años había muy pocos colectivos, mientras que hoy es al revés: hay más equipos que arquitectos en solitario. Además, se han incorporado extranjeros a la construcción de la ciudad, pues hasta los noventa Madrid la habían construido madrileños”.

Paula y Gonzalo proponen visitar ese Madrid ficticio haciendo un esfuerzo mental sustitutivo. Entre sus “segundos” favoritos destaca una preciosa y arriesgada Flor de Tuñón y Mansilla (que hubiera sido la Caja Mágica que ganó Dominique Perrault), algo así como una lata de coca-cola aplastada. Lo repaso admirado y me pregunto qué hará un estudio con un proyecto de esta magnitud. Llamo a Emilio Tuñón y oigo su risa: “Ah, los segundos premios… Unos dicen que los ganan los pragmáticos y los pierden los utópicos… Competir no es lo más importante. Los concursos son los I+D de las oficinas de arquitectos. Son un paso más, y esas joyitas las guardamos y a veces se reciclan o son el germen de otro edificio, el trabajo de investigación para futuros proyectos”. ¿Qué fue de aquella pista de tenis? “Devino en un banco para sentarse. Fíjate, de algo tan grande a algo tan pequeño, pero el año de los Juegos Olímpicos Londres estaba lleno de ellos… ya ves”.

Algunos edificios enriquecen la memoria y forman parte de un imaginario colectivo ineludible. La arquitectura da forma a las vidas de las personas, y los concursos, a la ciudad. “Hay algunos segundos premios mucho más famosos que los primeros”, recuerdan Paula y Gonzalo. Algo que podemos comprobar disfrutando de obras que nunca vieron la luz de dúos como Ábalos y Herreros, Tuñón y Mansilla, Corrales y Molezún y Pérez Pita y Junquera, arquitectos de primera que también quedaron segundos.
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