Todo sobre la casa / Anatxu Zabalbeascoa ; ilustraciones de Riki
Blanco.
Gustavo Gili, Barcelona [etc.] : 2011.
213 p. : il. col.
ISBN 9788425218323
Arquitectura
doméstica -- Historia.
Arquitectura
interior.
Sbc Aprendizaje A-728.1 TOD
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UPV/EHU · DISPONIBLE EN E-LIBRO
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Las bañeras, las cocinas y los tenedores esconden una historia. La vida
privada dice tanto de una civilización como el análisis de sus batallas y
contiendas. Todo sobre la casa desgrana, estancia por estancia, la
evolución de la vivienda a lo largo de la historia y nos descubre el
origen de nuestros arraigados hábitos domésticos.
Si los romanos comían acostados y durante la Edad Media se impuso la
costumbre bárbara de comer sentado alrededor de una mesa, los reyes
renacentistas, en cambio, solían comer solos frente a un numeroso
séquito que permanecía de pie a su alrededor. Las primeras camas
construidas eran estructuras elevadas para evitar humedades, corrientes y
ratas, y más que un mueble destinado al descanso, para la nobleza
medieval el lecho fue uno de los epicentros de la actividad social de la
corte, donde se recibían visitas o se trataban asuntos de Estado. Los
baños no gozaron de un espacio propio en la vivienda hasta bien entrado
el siglo xx, cuando convergió la generalización de las tuberías, el
agua caliente y las doctrinas higienistas…
Anatxu Zabalbeascoa narra en este libro una crónica amena y apasionante
de aquellos hechos que, como éstos, han configurado la evolución de la
casa y de nuestros hábitos domésticos. Arquitectura, tecnología y vida
privada confluyen en esta obra transdisciplinar que, partiendo de un
análisis social y antropológico, nos narra la historia de seis espacios
—baño, cocina, dormitorio, jardín, salón, comedor— para desvelarnos la
evolución de nuestra propia cotidianidad. Por sus páginas no sólo
desfilan Le Corbusier y Chippendale, el estilo Imperio y los jardines
colgantes de Babilonia, sino también inventores y decoradores, políticos
y monarcas, así como nobles, burgueses y campesinos.
El estudio de la autora discurre en paralelo a las potentes
ilustraciones de Riki Blanco, que han sido minuciosamente creadas para
este relato, y logran captar y trasladar al lector a ambientes
pretéritos con excepcional agudeza.
Anatxu Zabalbeascoa (Barcelona, 1966), periodista e
historiadora especializada en arquitectura, trabaja como crítica para el
diario El País. En paralelo escribe periódicamente en el blog 'Del
tirador a la ciudad' y es autora de varios libros de arquitectura, entre
otros, "Las casas del siglo" (1998), "Vidas construidas" (1998) o "Minimalismos" (2001), todos ellos publicados por la Editorial Gustavo Gili.
Extracto de la introducción
"Nuestras casas saben bien cómo somos"
Juan Ramón Jiménez,
Espacio
Las alcobas y los tenedores cuentan una historia. Se puede saber tanto
de la historia de la civilización analizando sus batallas como
observando sus hábitos privados. Por eso la historia de la casa encierra
muchos de los secretos de los hombres. Datos con frecuencia aparcados
por los historiadores como qué se comía, cómo y con cuántos se
dormía, cuándo se bañaba la gente o cómo eran las ventanas de los
hogares desvelan cómo son los seres humanos tanto como el lugar, la
fecha y el botín de las batallas que sí figuran en los libros de
historia al uso. La antropología, que centra su análisis en la
evolución del comportamiento humano, es una ciencia joven, mucho más
que la arquitectura. Pero revela que las mejores fuentes para
averiguar cómo se vivía provienen de la época en la que sucedieron las
cosas. Así, escritos, edificios, cerámicas, pintura y tradiciones
ayudan a descifrar de dónde venimos.
Es cierto que en muchos lienzos se retrataba la mejor cara de una
sociedad, su rostro engalanado cuando no disfrazado. Por eso el análisis
de la vida doméstica basado en su representación más perfecta podría
dar lugar a equívocos si los juicios no fueran contrastados.
Evidentemente, eran muy pocas las casas holandesas del siglo xvii que
tenían alfombras persas o turcas como las que aparecen, incansablemente
expuestas sobre mesas, en el retrato de los interiores domésticos de
la época. Pero es un dato que las casas pudientes tuvieran la
costumbre de mostrarlas en mesas y no en el suelo.
Las viviendas chinas se construían con la madera procedente de la tala
de sus bosques. Por eso nada queda que permita reconstruir cómo era
allí la vida doméstica hace siglos. Nada hasta que alguien da con otra
vía de conocimiento. El cariz conservador de la sociedad china
permite aventurar que la dinastía Ming (1368-1644) no construía de
manera muy distinta a como lo hacían sus remotos antepasados, aunque
sea imposible comprobarlo. Se ha comprobado, en cambio, que durante la
dinastía Han, doscientos años antes de Cristo, cuando se levantó la
Gran Muralla, los poderosos enterraban en sus tumbas maquetas de barro
de sus viviendas. Éstas dan una idea de cómo vivían los pudientes.
Finalmente, lo que sabemos de la vida cotidiana china, y de las
viviendas de la Antigüedad también, nos ha llegado por la literatura
de una cultura que se expresó antes con la caligrafía que con la
arquitectura.
El arquitecto historiador Stephen Gardiner sostiene que cada pueblo
elige su estilo. Los flamencos el gótico, los franceses el manierismo y
la gente corriente la desnudez sin afectaciones: las fachadas sin
ornamentar. Tanto como los estilos o la técnica, la normativa ha
dibujado el tamaño de ventanas y, consecuentemente, el aspecto de las
fachadas. Pero el buen diseño supera normas y retos: puede solucionar
cualquier problema. En Ámsterdam, la estrechez de los edificios impuso
grandes ventanales para poder introducir el mobiliario. Esa necesidad
uniformó sus fachadas. Y el deseo de convertir la suma de fachadas de
los edificios en una sola cara de la ciudad nació con el crecimiento de
las grandes urbes. Se dio, por ejemplo, en Roma en la época
renacentista.
Gardiner cree también que la arquitectura evolucionó dando siempre dos
pasos adelante y uno atrás. “Cuanto mayor era el paso adelante mayor
era también el paso atrás (en la historia) en busca de sabiduría.”
Así, Andrea Palladio rebuscó en el pasado y se remontó hasta los
romanos para dar orden a la arquitectura. Ni imitó ni negó, analizó.
Se atrevió, por ejemplo, a contradecir a Vitruvio asegurando que los
techos planos no servían, que producían goteras. Palladio trazó una
línea de continuidad. Supo elegir más que idear. Y supo hacer de lo
local lo universal. Sus villas se convirtieron en un modelo, no tanto
para hacer grandes mansiones como para dibujar las fachadas de
edificios. Y a partir de la suma de esos edificios se podía construir
una ciudad.
El pasado revela más necesidades que caprichos detrás de las grandes
decisiones arquitectónicas. Debió de ser el exceso de sol y la necesidad
de ventilación lo que propició la construcción del peristilo griego. Y
cuando los españoles llegaron a Sudamérica respetaron la estrechez de
las calles para lograr sombra y uniformidad en las fachadas, además
de para organizar el paso de aire y las corrientes. La falta de
espacio hizo que en las ciudades romanas las viviendas subieran hasta
cinco pisos de altura (Augusto puso el límite en 20 metros y Trajano
lo bajó luego a 17,5). En esos edificios de vivienda podemos encontrar
un origen remoto de los bloques actuales: para abaratar su
construcción, las fachadas no estaban ornamentadas, sólo agujereadas
por ventanas.
Pero no siempre fue la utilidad lo que decidió formas y distribuciones.
Era típico de la arquitectura occidental destacar la fachada, y de la
oriental ocultarla. La simetría habla de voluntad de control, del
dominio del hombre sobre la naturaleza en Occidente. En Oriente, el
acceso indirecto describe modestia frente a la misma naturaleza.
Aunque los lugares hablen con referencias y valores diversos, además de
en idiomas distintos, las alcobas y los tenedores cuentan una
historia. Pero si la antropología es una ciencia reciente más podría
serlo la que recoge la historia del interiorismo, que tiene a Mario
Praz, un profesor italiano de literatura inglesa, como una de sus
figuras destacadas. Para el autor de la "Historia ilustrada de la decoración interior desde Pompeya hasta el siglo xx",
el hombre que no tenía sentimientos hacia la casa era como para
Shakespeare el hombre que carecía de sentido musical: un tipo nacido
para la traición, el engaño y el robo. “No hay que fiarse de un hombre
semejante.” [...]
ENLACES
Gustavo Gili | Todo sobre la casa
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DOCUMENTACIÓN
Cómo levantar una casa página a página
Riki Blanco, 2011-03-16
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