El castillo de la Alameda / Conarquitectura ediciones ; Pedro Ibáñez
Albert, Enrique Sanz Neira ; colaboración, David Vallejo de Lucio
Ayuntamiento de Madrid, Área de Gobierno de las Artes, Madrid : 2012
187 p. : il.
ISBN 9788478127603 [2013-01]
Castillos -- España.
Excavaciones (Arqueología) -- Madrid.
Arqueología urbana -- Madrid.
Madrid -- Historia.
Sbc Aprendizaje A-728.81 CAS
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Memoria de Madrid | El castillo de la Alameda
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Las fortalezas medievales son en
el imaginario de la sociedad algo cargado de misterio e historia. Madrid en su
riquísimo patrimonio histórico cuenta con un castillo. El castillo de la
Alameda, que durante largos años estuvo abandonado y reducido a ruinas. Esta
publicación narra su historia y el proceso de recuperación para devolverlo a
los ciudadanos como centro de difusión de este acervo cultural.
La recuperación del Castillo de la Alameda, también
conocido como Castillo de Barajas o Castillo de los Zapata, supuso un enorme
despliegue de trabajo de muchas personas capaces de lograr afrontar y superar
un reto semejante y el cumplimiento de una deuda de Madrid para con su historia
y sus ciudadanos. Un reto para el equipo de especialistas que durante un lustro
estuvo trabajando con el claro empeño de devolverle a la ciudad un castillo
casi desconocido y en un estado de conservación tan lamentable que lo hacía
irreconocible. Estábamos convencidos de que el único castillo del municipio no
merecía continuar en el mayor de los ostracismos, desconocido, casi
inapreciable, en un entorno únicamente utilizado para paseos de canes y
esparcimiento de algunos jóvenes de manera ocasional.
Desde finales de los ochenta, sabemos que esas
ruinas con apariencia de fortificación que existían en el distrito de Barajas
ocultaban efectivamente, bajo un importante aporte de escombro con el que la
naturaleza había recreado a su antojo una topografía en absoluto natural y para
nada organizada, los restos de un castillo medieval. En esos años, tuvieron lugar
un par de pequeñas campañas de excavación1 y una pequeña intervención conducida
a evitar mayores deterioros por iniciativa de Patrimonio Histórico de la
Comunidad de Madrid, las cuales corroboraron las tesis de estudiosos del lugar
como Bordejé, quien había realizado algunas propuestas de cómo debía ser el
Castillo de la Alameda, y lo había identificado como castillo señorial a partir
de los restos en pie y de la huella del foso, reconociendo la tipología de este
tipo de fortificaciones medievales, pero en nuestro caso de tamaño reducido: un
pequeño recinto cuadrangular con solo una torre de flanqueo en una de las tres
esquinas visibles y seguramente la torre del homenaje en la esquina
desaparecida, todo ello rodeado por una barrera y un ancho foso como primer
cinturón defensivo. Desde entonces, el castillo de la Alameda se incorpora de
forma permanente a la “nómina” de fortificaciones medievales de la provincia de
Madrid. Queda así referenciado en catálogos y guías posteriores. Y también se
incluye en los catálogos de Patrimonio Cultural comarcales.
El estado de conservación en que llega el castillo
al siglo XX, tras el incendio y el abandono en 1695 y sistemático expolio de
tres siglos, es absolutamente penoso. En algunas ocasiones tal expolio se
produce con cierta autorización –para la construcción del Capricho de Osuna en
1785 y del panteón de los herederos del título, los Fernán Núñez, en 1880- y otras
no. De tal manera que el castillo se va convirtiendo en una ruina que aún forma
parte de la finca agraria que rodeó al castillo, que ha pasado de los Zapata a
los citados Fernán Núñez, cerca de otros testigos de la historia local: los
restos de la aldea, su iglesia y su cementerio, el camino de Alcalá y otras
fincas de recreo posteriores como, de nuevo, El Capricho. De hecho, tal
disposición favoreció su uso durante la guerra civil en 1936 como fortín
formando parte, junto al nido de ametralladoras de hormigón colindante, del
cinturón de protección del cuartel general de la defensa de Madrid durante la
batalla del Jarama, situado, a su vez, en el palacio del Capricho, búnker
incluido. La progresiva urbanización del barrio durante el siglo XX se
realizará a expensas de parte de esta finca, en especial del gran estanque
situado al sur del castillo (aún reconocible en las fotos de los años 50),
aunque afortunadamente se delimitará un parque en torno al panteón, el cementerio
y el castillo, zona verde que se considera como un apéndice de la recientemente
trazada avenida de Logroño, que limita el barrio al norte y conecta a
Canillejas y Barajas. Se trata de una franja de terreno en la que, con el
tiempo, se van ubicando un buen número de servicios: varias escuelas, un centro
cultural y nuevo parque público conectado, el Juan Carlos I.